1° de abril de 1989 4:30 p.m.
Hijita, hijitos míos, trato de hablar con todos vosotros para deciros que os llevo de mis manos cubriendo vuestras espaldas con mi manto materno. ¡Hijitos, os llamo a mi lugar de mi nueva aparición como María Reconciliadora de todos los Pueblos y Naciones para que abráis operaciones sobre la siembra que haréis en los corazones de los niños inocentes… otros, jóvenes ansiosos de verdad, amor y justicia! Os llamo porque ha llegado el Gran Momento de Reconciliación en un darse las manos… y necesitáis, cuanto antes, prepararos; como por ejemplo con: la siembra de doctrina; catequesis; ejercicios espirituales; Evangelio; y más que todo, Eucaristía, Comunión diaria, alimento del alma; acompañada del trabajo, de una labor en la cual podáis producir sembrando los surcos con la semilla santa del alimento.
¡Porque la tierra que les he puesto en nuestras manos es justa para realizar la obra de amor que debe salvar a muchas almitas ansiosas de dar de sí su contributo de sembrar! ¡Es por ello, hijitos, extiendo mi amor a todos mis hijos moradores de la Tierra y fieles a Jesús para que descubran el maravilloso secreto de la unidad que contribuye a encontrar la clave del reino de Dios! ¡Os guardo!
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