21 de junio 1987 4:30 p.m.
¡Hijitos, ya se avecina la hora… y sentiréis lo que producirá en vosotros ese algo maravilloso que comunica al alma esa cualidad de discernimiento sobre su presencia en medio de vosotros! ¡Hijitos, recogeos en el silencio… este es y será el milagro de vuestra propia vida… ved claramente y comprobad lo que está sucediendo a vuestro alrededor pudiendo estar en paz… y vivir desde este momento para atestiguar y proclamar, a cada hora del día, el milagro de vuestra propia existencia con un corazón que palpita con el de mi Divino Hijo, Jesús!
¡Sí, hijitos, porque sentiréis sus suspiros, su calor, su presencia y los cielos y la Tierra cantarán juntos! Ahora, a esperar serenamente con la clave que abre la puerta de la salvación y decid silenciosamente: “¡Señor Jesús, te esperamos porque nos lo has prometido… y las promesas de Dios no pueden fallar; y estamos aquí para poseerte, amarte y vivir siempre a tu lado con tu Madre..!
Hijitos, esperad unos segundos… el Señor os repite: “¡Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre estará sano y salvo, entrando a morar para siempre en la Casa de mi Padre! ¡Estáis aquí para aprender y entro de lleno a vuestros corazones para modelarlos y hacerlos dignos de éste, mi Cuerpo Místico ..!
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